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lunes, 15 de julio de 2013

Irish


Ruth me ha enviado, entre otros estupendos regalos, tres muestras de chocolates genuinamente irlandeses...

Uno de ellos es un leprechaun -un duende de la mitología irlandesa-. Este duendecillo es un poco gamberro. Si queréis aprender una frase en gaélico, la ilustración de la esquina superior derecha os dará una pista: ¿Qué significa “póg mo thóin”? ;)



Este leprechaun es de un delicioso chocolate con leche macizo. Me ha dado pena diseccionarlo, pero aquí lo tenéis.


Otra de las muestras que me ha mandado Ruth es una chocolatina negra con una cantidad añadida de whisky irlandés Jameson.



Bajo una gruesa corteza de chocolate negro, contiene una crema del mismo chocolate mezclado con whisky. Ahora sé que el whisky combina bien con la coca-cola y también con el chocolate. :)


Y por último, una tableta de chocolate negro relleno de una crema con el sabor de la cerveza Guinness -muy logrado, además-. De nuevo el carácter irlandés está muy presente.



He diseccionado una pequeña porción. Este chocolate es un poco más quebradizo que los anteriores.


Ya me he comido más o menos la mitad de estos chocolates y me han encantado. El resto queda para mañana. ¡Mil gracias de nuevo, Ruth!

martes, 13 de noviembre de 2012

Pollo a la salsa de chocolate

¡¡Qué horror!! Han pasado cuatro meses desde que publiqué mi última entrada, y era un entradilla, de esas que no exigen mucho curro. Un par de fotos y andando..

No es que haya dejado el chocolate, ni que no haya probado chocolates interesantes, de hecho ocurre todo lo contrario pero...una es una vaga que ha dedicado su tiempo libre a otros menesteres, dejando de lado este blog que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar. Y que me ha dado infinidad de satisfacciones.

Vengo con el ánimo recompuesto y con ganas de continuar. Ahora falta que alguien se siga pasando por aquí, así que os pido que si leéis estás líneas me digáis alguna cosilla, para saber que esto sigue vivo y todavía es un lugar cálido de reunión. 

Tengo una carpeta en mi escritorio que se llama Wonka. A esa carpeta van a parar las fotos de las recetas que preparo, de las ideas que encuentro en la red, de mis ocurrencias chocolateras. Cuando la he abierto ya no recordaba que había utilizado y que no. Un horror que haya pasado tanto tiempo, sobre todo porque la receta que voy a colgar hoy la hice hace tantos meses que ya no recuerdo como la hice.

Hace un año conté aquí como mi amiga M Ángeles me había regalado cacao puro, machacado y apelmazado bajo el sol. El aspecto no era muy apetecible y el olor amargo no llamaba a utilizarlo, pero me pudo la curiosidad y me lancé a preparar el plato típico guineano. Sustituí el pangolín por contramuslos de pollo, y la cazuela tradicional de barro por una moderna olla GM.


Puse el pollo y las verduras en crudo. Rallé un cuarto de vaso encima del pollo. Sal y pimienta. Cerré la olla y programé dos veces el programa "Pollo". Después pasé por la batidora la salsa resultante.






El resultado es lo que veis en la foto superior. La salsa densa y apetecible, muy sabrosa y fragante. El sabor intenso y curioso. Digo curioso porque no sabe al cacao que puedas imaginar, ni siquiera se acerca al cacao más puro que hayas probado. Es otra cosa, un sabor absolutamente nuevo para los europeos.

 Estaba muy bueno, y sobre todo muy original.

martes, 27 de diciembre de 2011

Salsa de chocolate, Guinea, Mª Ángeles y un regalo

 Antes de meterme en harina quería felicitaros las fiestas, desearos que lo paséis bien, que no engordéis mucho, que no os peleéis con la familia, que no os gastéis una fortuna en regalos y que salgáis psicológicamente sanos de este follón navideño.

 En principio, por eso de que la entrada va de chocolate esto debería ir exclusivamente en el Wonka, pero como quiero hablar de mis regalos de navidad y de una amiga muy especial, voy a publicarlo en los dos blogs a la vez. Después de tantos años es la primera vez que no me decido dónde publicar una entrada.

Todos tenemos amigos tan diferentes que entre ellos serían incapaces de entenderse. Y aunque presumamos de que nosotros somos siempre los mismos, y lo seamos, no me cabe duda que moverse en un ambiente o en otro nos hace mostrar una vertiente diferente de nuestra forma de ser. Así yo tengo una amiga guineana muy especial, con una forma de vida absolutamente diferente a la que llevamos aquí, en España. Cocina en fuego de leña, consigue agua en un pozo y vive en una cabaña en la que todo está absolutamente impecable.




Tengo la inmensa suerte de viajar con bastante frecuencia a Guinea, allí he conocido a personas estupendas que ya son mis amigos, pero la más especial es Mª Ángeles. Es la persona más amable y sonriente que he conocido. Pura generosidad conmigo, siempre tiene un regalo para mí, sea ropa guineana de alegres colores, unas risas o cacao, extraído de las vainas del árbol que tiene fuera de su casa. La última vez que estuve en su casa quería regalarme una gallina que andaba por allí. ¡Qué diferentes son las cosas en España!


Uno de los platos típicos de Guinea es el pangolín con chocolate. El pangolín es un pequeño mamífero, de extraño aspecto que venden los niños pinchado en un palo en los márgenes de la carretera. Nunca lo he probado, pero no desaprovecharé la primera oportunidad que se me presente. Como dice mi hija cuando desconoce el sabor de algo, seguro que sabe a pollo.

Para hacer esa salsa de chocolate,  ellos extraen el cacao de sus vainas y lo preparan, no sé de qué forma, hasta conseguir una masa que colocan en vasos de plástico que ponen al sol hasta que se seca. Después solo hay que rallarlo en el guiso de pollo o carne.

Este fue el último regalo de mi amiga guineana, tres vasos de cacao para hacer la salsa de chocolate.


Todavía no me he animado a probarlo, sobre todo porque con tanta comilona navideña, no me apetece cocinar nada fuerte los días en los que podemos comer algo más ligero. Pero estoy deseando experimentar con el cacao. Por cierto huele bastante fuerte  y amargo, nada parecido a lo que nosotros entendemos como chocolate.

Y para acabar quiero enseñaros el regalo de navidad de mis hijos, un libro de recetas chocolateras y una fuente de chocolate, que queremos probar con el roscón de Reyes.


Prometo fotos de la fuente en funcionamiento y de la receta de carne al chocolate. A ver si consigo que me salga algo bueno.



martes, 11 de enero de 2011

Pensamientos, palabras e ideas golosas.

En estas fiestas llenas de dulce no podía faltar el chocolate. Y si a la chocolatera Anele le regalaron productos para chocolatearse ella misma, a mí me lo han regalado para chocolatear la vida en general.

Se trata de un pequeño libro llamado "Chocolate. Pensamientos, palabra e ideas golosas" y tiene un poco de todo.



Es un libro de los de abrirlo por cualquier página cuando nos apetezca, a ver qué nos encontramos en él. Lo mismo puede ser una cita de alguien célebre sobre el chocolate, que algunos interesantes datos técnicos e históricos sobre el mismo, que algunasa deliciosas recetas como la que podéis ver en la foto.



Seguro, seguro que haré alguna de ellas, y cuando lo haga, lo veréis aquí en Wonka.

¡¡Feliz y dulce 2011!!

lunes, 1 de noviembre de 2010

Chocolates Matías Lopez

Las mañanas que desayuno junto al trabajo me encuentro con este cartel:


que ha despertado en mí suficiente curiosidad como para animarme a buscar documentación para escribir este post.

En 1867 se construye en unos terrenos de El Escorial (Madrid) una fábrica refinadora de azúcar (Rafael Taboada y Cía.) que en realidad nunco llegó a levantar cabeza. Poco después, en 1875, el gallego Matías López compra el edificio para transformarlo en una fábrica de chocolate.
Aquel chiquillo que llegó a Madrid con 15 años en compañía de su madre y prácticamente con lo puesto, había montado un molino para chocolate en la calle Jacometrezo en 1851.


Gran visión comercial la de Don Matías al enviar muestras de sus chocolates a varias tiendas de la capital para darse a conocer.
La casualidad puso en su camino al publicista Francisco Ortega y Vereda, cuyas caricaturas satíricas referentes a la monarquía le habían pasado factura carcelaria. Don Matías, consciente del analfabetismo de la época, le contrata para que realice carteles publicitarios que sean comprensibles por el pueblo llano. Así, el cartel de "los gordos y los flacos" (como se le bautizó) se convirtió en su principal referente. Como lo fue también su retrato plasmado en las cajas:

La fábrica pronto se convirtió en una de las más conocidas del país y del continente ya que al parecer fue el 1º en exportar al extranjero tras participar en la Exposición Universal de París en 1889.
¿Visionario? Probablemente. No sólo fue el pionero en estrategias publicitarias sino en procurar una ambiente de trabajo apropiado, construyendo viviendas para empleados en los solares contiguos a la fábrica, dotándolos de zonas ajardinadas, economato, capilla y escuela gratuita, con un sistema de planes de ahorro y de pensiones para la plantilla.
Matizaba el regusto amargo del cacao incorporando miel y vainilla y optó por elaborar un producto en el que primase la calidad sobre el precio, consciente de que su valor lo hacía poco accesible a las clases bajas, ya que como él decía: "todo chocolate que cueste menos de 5 reales es malo".
El destino le condujo hasta el mismísimo Senado, donde obtuvo un escaño y el nombramiento de senador vitalicio por sus contribuciones a la Hacienda Pública; también colaboró en la creación de la Cámara de Comercio de Madrid.

Terminó por dejar la fábrica en manos de su hijo para dedicarse al negocio inmobiliario en su ciudad natal: Sarria.
Avanzando un paso más en sus proyectos publicitarios, las tabletas Suylca de Matías López fueron "el alimento que toma Diego Valor" y venían acompañadas por el álbum de cromos del famoso personaje, un intrépido astronauta que se enfrentaba a los villanos espaciales en
compañía de su novia, la profesora Beatriz Fontana. Primero fue el serial radiofónico de la SER y más tarde llegó el cómic. Una ingeniosa forma de ganarse el favor de la chiquillería.

Sus chocolates recibieron multitud de premios en las diversas Exposiciones Universales en las que participó: Londres, Viena, París,...
Finalmente muere en 1891, recibiendo un multitudinario entierro en Madrid, y poco después se le concedió a su viuda el título de Marquesa de Casa López.

martes, 21 de septiembre de 2010

¡Más "Kitto-Katto"!

Pues sí, como muchos sabéis, he vuelto de mi segundo viaje a Japón hace poco más de dos semanas. Y como yo nunca abandono mi actividad de campo, he hecho mis deberes y he comprado y catado varios sabores de Kit-Kat (Kitto-Katto según la pronunciación de allá), de esos que solo se fabrican y venden en el país del sol naciente.




Primeramente compré en un super una bolsa de mini Kit-Kat con sabor a yogur y aloe. La cobertura, como suele ser habitual en este tipo de variedades más exóticas, era de chocolate blanco, que quizás supone una base más neutra para combinar con otro tipo de sabores. No sabría decir a qué sabe el aloe, y no puedo decir que detectara un sabor desconocido con el que decir "ah, así que esto debe ser el sabor a aloe", pero sí que tenía un suave toque de yogur, por lo que no era demasiado dulce dada la acidez característica del mismo. Le doy mi aprobación.


Como curiosidad en esta variedad, observé que en el envase aparecía la marca TBC, que en este caso no se refiere a la enfermedad, sino a una importante compañía japonesa dedicada al bienestar y cuidado del cuerpo y a la belleza en general, algo de lo que saben mucho en ese país. Por lo que se ve las propiedades tanto del yogur como del aloe te hacen una piel c*jonuda, pero con una sola bolsa no me dio para notar cambios perceptibles en mi cutis.



Después la verdad es que no volví a encontrar más sabores diferentes hasta que llegamos al aeropuerto para regresar, y allí nos surtimos de varias cajas.

Me hice con una de las de té verde con flor de cerezo que ya comenté en este post anterior. Una sola chocolatina se me había hecho muy muy poco para lo deliciosa que estaba, así que me alegré muchísimo de encontrar toda una caja.

Las demás que encontramos fueron de salsa de soja, de tarta de queso con fresa, y de wasabi, ediciones limitadas de recuerdo especialmente dedicadas a alguna región nipona.


El Kit-Kat de tarta de queso es la variedad especialmente hecha para Yokohama, que por su importante puerto fue una de las primeras ciudades japonesas en tener gran influencia occidental. Es curioso, porque en cuanto abres el envase individual huele claramente a queso, algo de lo que no queda ni rastro en su sabor, con un ligero gustillo a fresa. Está bueno también, aunque no me guste demasiado la fresa (soy de las que quitan la capa de mermelada de encima de la tarta de queso).



El de salsa de soja, uno de los dos dedicados a Tokio, que se vende solo en la región de Kanto, es probablemente, el más singular de los que he probado en esta ocasión, al menos en su planteamiento. Es difícil de explicar, porque huele mucho a salsa de soja (¡!), y de hecho sabe claramente a salsa de soja, pero no es un sabor salado, y eso es bastante insólito, porque esa es precisamente una cualidad intrínseca de dicha salsa. Puede sonar asqueroso, pero no lo es en absoluto. Uno nunca sabe cómo van a funcionar estas mezclas de sabores, y esta funciona sorprendentemente bien. Es posible que sea la variedad de gusto más intensa de las que he conocido. Como el anterior, es de color blanco, así que su aspecto es muy similar por lo que no aporto imagen.




Finalmente no me decidí a comprar la variedad de wasabi, porque ya era mucho aventurarme. Lo hubiera hecho si fueran chocolatinas individuales, pero no queria comprar una caja entera, así que mi compañera de viaje Claire se ha convertido en colaboradora de este blog en esta ocasión y nos cede sus comentarios y sus fotografías.





En esta ocasión, Nestlé se asoció con la empresa Tamaruya-Honten de la región de Shizuoka para lanzar su edición limitada con sabor a este condimento dedicada a dicha prefectura. Según sus propias palabras "Está bueno, pero nada del otro mundo. Puede que pique un poco, pero muy poquito si te comes solo esas dos mini barritas". Como veís, es de color verde, igual que las especialidades con sabor a té.




Y por hoy está bien de catas, que la maleta no daba para más. Espero poder volver a explorar nuevas y sorprendentes especialidades de Kit-Kat (o Kitto-Katto) de Nestlé Japón, y aquí las veréis, en vuestro blog Wonka 70%.

viernes, 30 de julio de 2010

Hagamos un paréntesis

Pero qué poquísima vergüenza tengo. Con el super paréntesis que me he tomado de escribir en este blog. Pero que conste que aun sin publicar no he dejado de acumular material.
Ya el año pasado, tras mi viaje a Japón, dejé pendiente hacer una reseña de algo que me gustó una barbaridad: el KitKat sabor Matcha o té verde.



He de aclarar ante todo que jamás me ha gustado el té, y no he cambiado al respecto. Sin embargo es curioso como un mismo alimento o ingrediente puede ser aborrecido en algunas formas de presentación, y provocar una salivación intensísima preparándolo de otra forma o acompañado de otras cosas. Este ha sido mi caso con esta variedad de chocolatina Kitkat.


Me traje un paquete en la maleta con la idea de repartilo, pero debo confesar que cuando llegué a casa y lo probé, cambié automáticamente de opinión, y me lo comí yo solita. Era demasiado poco, y total, no fuera a ser que se estropeara con el calor.... ejem.


En fin, que, el sabor suave de esta chocolatina, que no deja de ser el clásico barquillo de la conocida marca cubierto con chocolate blanco saborizado con el tradicional té en polvo, me dejó muy enganchada. Pero, oh, desgracia, solo se vende en Japón, y si lo encontráis fuera de allí es porque lo han importado y costará un riñón, un huevo o un ojo de la cara (te dan a elegir :P).


Sin embargo la cosa no queda ahí. Investigando por estos mundos cibernéticos en los que la información corre a sus anchas, descubrí que además de este sabor ya clásico, existen allí decenas de ediciones limitadas en distintos formatos y sabores, tanto de cobertura como de relleno, a cual más original y exótico. Suelen comercializarlas en determinadas estaciones o fechas del año y, de este modo, podemos encontrar ejemplares tan diversos como el otoñal KitKat de castañas, los de caramelo y calabaza para Halloween, o Kiwi, además de otros algo más convencionales como la fresa, el chocolate negro y la naranja.


En la imagen que podéis ver a continuación están fotografiadas los envases de otras versiones de KitKat, algunos de los cuales puedo identificar por el dibujo de la caja, y otros ni se me ocurre de qué son.



Mi pasión por las nuevas propuestas culinarias y por los dulces me llevó a encontrar en cierta tienda online dedicada a la importación de alimentos japoneses algunas nuevas variedades de ediciones limitadas. Carísimas, por aquello que dije de que son importadas, pero la curiosidad me pudo.


Opté por cuatro de ellas: la de té verde (por supuesto) en su versión barrita gigante, la de anko, o tradicional pasta dulce de judías rojas japonesas, de la que soy una gran aficionada, chocolate blanco con sirope de arce (del que también soy muy fan), y el más exótico de todos: té verde combinado con flores de sakura o cerezo japonés. Sonaba tan raro y tan bonito que no podía dejar de catarlo.



El de matcha sabía que no me decepcionaría, aunque por algún motivo prefiero las clásicas barritas finas a esta barra más grande. No sé cómo explicar la sensación, pero la textura pierde de esta forma cierta delicadeza.



El que sí fue una decepción fue el de anko, también en versión barrita gigante. No me convenció la combinación y no repetiría.


Por el contrario, muy satisfactoria la mini chocolatina blanca con jarabe de arce. Dulce pero sin pasarse, ya que en general los japoneses no son muy aficionados a los sabores excesivamente dulces.



Y me dejo para el final mi gran sorpresa, que fue la del té verde con flor de sakura. El diseño de la cajita especial para regalar ya me pareció encantadora, con un espacio para añadir una dedicatoria a nombre de la persona receptora del obsequio. Al catarla solté una especie de mugido/gemido de absoluto placer gustativo. La base de su sabor es obviamente la misma que la del té verde a solas, pero el puntito de la flor de sakura, que no tenía ni idea de a qué sabría, fue manjar de dioses.


No puedo compararlo con nada, porque no sabría, pero no se parece a otros maridajes chocolatero-florales que he probado anteriormente (rosa o violeta). Lo digo porque estoy segura de que habrá comentarios del tipo "no sé, no me convence, no me gustó tal". Como siempre, lo mejor es dejar los prejuicios a un lado y probar. Las cosas distintas a veces no son tan raras... solo distintas.

martes, 13 de julio de 2010

Refranes

Nuestro refranero popular es tremendamente fértil. Aquí tenemos una muestra muy muy dulce:


- El chocolate excelente, para poderse beber, tres cosas ha menester: espeso, dulce y caliente

- Chocolate frío, échalo al río

- Bebe chocolate y no pidas que te harte

- Ni chocolate recocido ni mujer de otro marido


- Ni amor reanudado ni chocolate recalentado

- Ni chocolate que no tiña ni tela que destiña

- Chocolate y agua fría, cagalera a mediodía

- El chocolate, muy movido y poco hervido

- Invierno, buen tiempo para el herrero, el panadero y el chocolatero

- Si con el chocolate no te quieres quemar, déjaselo a otro paladear

- Las cuentas claras y el chocolate espeso

- Con tomate, hasta el chocolate

jueves, 3 de junio de 2010

San Ginés en Tokio

Seguramente el fundador de la mítica chocolatería San Ginés (Madrid, 1890) nunca imaginó que su negocio llegaría tan lejos. Y no hablamos de una distancia metafórica sino literal, la que cubre los 12600 km que separan Madrid de Tokio.

Hace un par de años, un emprendedor japonés (Hideto Maeda, presidente de la cadena Tokyo Restaurants) se enamoró de los churros con chocolate a su paso por la capital española y no paró hasta convencer a los propietarios del local de que el negocio fraguaría en su país natal.
Dicho y hecho.
Desde el pasado 28 de abril el barrio de Shibuya (Shibuya, Udagawacho 13-16) cuenta con su propia San Ginés, donde deleita a sus clientes con el clásico chocolate con churros.

Eso sí, una ciudad tan vanguardista no podía renunciar a la experimentación, de modo que también ofrece especialidades más adaptadas al gusto japonés, como los churros de colores y en forma de corazón (muy al gusto "kawai") y chocolate con sabor a fresa, melocotón y, cómo no, a té verde.
Y con la precisión que les caracteriza, su primer churrero fue formado durante un mes en la empresa madrileña.

Es tal el entusiasmo de Maeda que su próximo objetivo es abrir sucursal en Osaka y después lanzarse al mercado de Indonesia y Singapur.
Otro local en Saitama y en Lala Port en Shin-Misato completan la oferta en la capital nipona.... de momento.
Itadakimasu!!!
(Mil gracias a Nora por permitirnos acompañar este post con algunas de sus fotografías -"arigato gozaimasu").
Actualización (enero 2011):
al parecer el éxito del local ha sido efímero y ha cerrado definitivamente a principios de otoño del 2010.
Fotografías: EFE, unajaponesaenjapón.com

domingo, 23 de mayo de 2010

Pino

Sí, ya sé que yo soy la que escribe sobre helados en diciembre pero, ahora que se acerca el veranito, se empiezan a lanzar las nuevas campañas publicitarias con los productos de la temporada como este:


Ah... me han dado ganas de probarlo....
Y los helados también XDDDDDD.
Esto... (cof cof), me perdonáis la broma, pero es que Sho Sakurai es mi debilidad, así que el nuevo anuncio de este hombre me ha sacado de mi pereza "posteadora".
Pero a lo que vamos (que síiii, que también voy a hablar de chocolaaaate...).
Los bocaditos helados Pino son ya un producto tradicional en el mercado japonés que lleva más de treinta años vendiéndose. Se trata en su forma clásica de porciones de 10 ml de helado de vainilla recubiertos de chocolate con leche, ideales para el picoteo y para cubrir las necesidades del clásico antojo dulce-chocolatero sin pasarse de la raya, por su reducido tamaño y porque cada bocadito tiene tan solo 31 Kcalorías (con lo que una se puede tomar cuatro de esos y no es más que lo que supone comerse un yogur).
Además pueden encontrarse en sabores como chocolate con leche y almendras, chocolate amargo relleno de helado de chocolate, de fresa, o la edición limitada de chocolate blanco con tarta de queso y arándanos. Su presentación habitual es la de la cajita de seis, que cuesta unos 100 yens (no llega a los 90 céntimos de euro), pero también está disponible la caja de 26. Si me lo venden así de bien me como los 26 de una sentada.
Pino pertenece al grupo Morinaga, que es la marca de chocolate típicamente japonesa (aunque luego no los hacen allí ni nada, que me leí las etiquetas) que encuentras en todos los supermercados del archipiélago nipón, grupo al que a su vez pertenecen las filiales de marcas tan conocidas como Lipton o Philadelphia.
Cuando los pruebe ya os contare.
(Sí, Geno, no te mosquees, que ya sé que Nino también hizo su anuncio, allá en la época en que hizo la comunión).

martes, 4 de mayo de 2010

Chocolates de Colombia

Hace un mes, la hermana de una gran amiga colombiana vino de viaje por Europa y me trajo unos chocolates del país. Como no, de la Compañía Nacional de Chocolates de Colombia.

La empresa fue fundada el 12 de Abril de 1920 en Medellín por un grupo de productores locales, aunque su nombre originalmente fue "Compañía de Choclates Cruz Roja". Fue creciendo hasta abarcar otros asentamientos, como Bogotá, Cali y Bucaramanga.
De allí surgieron marcas como Corona, Diana y Tesalia y comenzaron a diversificar la producción incorporando la fabricación de café tostado (Bandera) en los años 30. Poco después inician una ambiciosa expansión adquiriendo otras empresas del sector (Chaves y Equitativa, Santa Fe y Tequendama) e importando materia prima de Brasil, Costa Rica y Suráfrica.
En los años 60 lanzan el primer chocolate en polvo para mezclar con leche (Chocolisto) e impulsan la venta de sus productos con la edición de álbumes de cromos.
En los 80 se modernizan adaptándose a los cambios sociales con la creación de su primer chocolate sin azúcar (Chocolyne) e investigan nuevos sabores (canela, clavo,...) al tiempo que se abren a los mercados internacionales.

Un total de 27 marcas (de productos de chocolate, cereales, cafés, frutos secos y repostería), 8 fábricas nacionales y la presencia en 20 países en el continente americano corroboran que se trata de una de las empresas líderes del país, dando empleo a cerca de 2800 personas.

En octubre mi amiga Alba en persona me trajo café soluble chocolateado (el cremoso Colcafé) y Chocolyne (de suave textura y sabor), pero no conservo fotos.
Lo que sí os puedo mostrar son las barritas de Jumbo, unas ricas tabletas con cacahuetes que se comen solas : )

Y la estrella de la corona: una curiosa combinación de café con chocolate.
Ya me habían hablado de ellos y realmente sorprenden, sobretodo por su textura. Se trata de crujientes granos de café tostado recubiertos de un suave chocolate con leche. La mezcla de los aromas de ambos y su curioso sabor lo convierten en un tentempié muy apetecible. Empiezas con uno .... y ya no puedes parar.

domingo, 14 de febrero de 2010

Chocolate de San Valentín


El 14 de Febrero de cada año se celebra el día de San Valentín, que lejos de ser una onomástica cualquiera, se ha convertido en una de tantas fiestas comerciales en buena parte del mundo occidentalizado.

Pero no en todas partes se celebra de la misma forma, ni con exactamente el mismo sentido. Aquí en España, por ejemplo, se conoce también como Día de los Enamorados, y al igual que en muchos más sitios sirve como pretexto para que las parejas se regalen mutuamente algún obsequio e incluso alguna cena romántica. La publicidad nos bombardea con mensajes sugerentes y ofrece todo tipo de manjares y regalos estereotipados para él o para ella. A pesar de ello, no me parece que aquí San Valentín sea una festividad tan arraigada como San José o Día del Padre, el Día de la Madre, o Sant Jordi en Cataluña.

La sociedad japonesa adoptó San Valentín como fiesta comercial al igual que aquí en occidente, sin embargo con los años ha evolucionado de una forma ligeramente distinta. El chocolate es allí protagonista absoluto (me puedo imaginar la sección de dulces de los almacenes Takashimaya, la más grande que he visto en mi vida, como algo parecido al paraiso en los días previos al 14 de Febrero...), y además de ser un evento realmente popular y arraigado en la actualidad, se vive con mucha expectación y con una serie de peculiaridades.

En primer lugar, el 14 de Febrero son solo las mujeres las que regalan a los hombres. En segundo lugar, no se regala cualquier cosa, sino que concretamente se obsequia el clásico chocolate de San Valentín (nada de corbatas, peluches o carteras). En tercer lugar, el regalo no se hace únicamente al novio o al marido, sino que es tradición ofrecérselo a un chico que te gusta, a un amigo, a una persona que te cae bien, a tus compañeros de trabajo, o incluso a tu familia.
Esto quiere decir que, si bien los enamorados siguen siendo las estrellas de esa jornada, no es una celebración exclusivamente para ellos. Por lo tanto, según el significado de tenga para cada cual, el chocolate será de un tipo diferente, y se le denomina de una forma.

Los tres tipos más comunes son los siguientes:

El Giri Choco es un chocolate con un matiz de compromiso o de obligación, aunque puede ser de simpatía o amabilidad, el detalle que puedes tener quizás con sus compañeros de trabajo o los hombres de tu familia. Suele ser un tipo de chocolate barato o de calidad más convencional.
El Tomo Choco es un chocolate de amistad ("tomodachi" significa "amigo"). Es el que puedes regalarle a tus amigos, como su nombre indica, y también es el que suele regalarse en los institutos, así que en cierto modo también es un chocolate de popularidad, porque ya sabemos todos cómo funciona esa pequeña sociedad que son los institutos, a veces tan divertidos y a veces tan crueles. No es raro que los chicos más guapos o que mejor caen o socialmente más hábiles reciban chocolates de varias chicas. Como contrapunto cabe decir que estoy segura de que el que no reciba ninguno debe quedarse con la autoestima un poco por los suelos.

Finalmente está el Honmei Choco, que significa chocolate de verdad o favorito. Es el de los enamorados, el que se obsequia a la pareja o a la persona que te gusta verdaderamente como auténtica declaración de amor, o al menos es el sentido que debería tener más allá de los puramente material. Por supuesto el detalle se cuida al máximo en este caso. Aquí tienen cabida chocolates de mayor calidad, más refinados o de marca.

Sin embargo lo más especial y más valorado es que la chica o la mujer funda y elabore ella misma el chocolate de forma artesanal y con mucho esmero, algo muy acorde con la sensibilidad y el carácter de ese país. La costumbre está ciertamente muy arraigada, por lo que no es difícil en absoluto encontrar los ingredientes y materiales para que cada una fabrique esa golosina especial, totalmente personalizada en cuanto a forma y sabores, para su persona especial.

Y pensaréis "¿y a las mujeres qué? ¿nadie les regala nada?". Pues sí que se les regala. Para ello existe el Día Blanco, el 14 de Marzo, justo un mes después, para que los chicos o señores agradezcan convenientemente los chocolates recibidos. Pero en este caso no se suelen regalar chocolates, así que esto ya es una historia aparte.

Para ilustrar toda esta parafernalia resulta perfecto un pequeño video que encontré y que me hace un montón de gracia. Pertenece al programa de televisión Himitsu no Arashi-chan, en el que los miembros del grupo Arashi, con mucho sentido del humor, narran sus recuerdos de San Valentín en la adolescencia.




(Aclaraciones: 1º. No sé quién lo habrá hecho, pero disculpad la traducción de los subtítulos que es un poco rudimentaria. 2º. En Japón las farmacias y las perfumerías son el mismo establecimiento. 3º. No, no fui yo la que le dio a Sho el chocolate en forma de balón de fútbol (pero me encantaría @_@).
Editado: Dejo aquí unos enlaces muy interesantes para todo aquel que quiera conocer de forma más extensa estas costumbres, tanto de los chocolates de San Valentín como del Día Blanco. Nora-san, la amable dueña de Una japonesa en japón lo explica de una forma mucho más completa (y más fiable, ya que ella es de allí) que yo, así que ahora que me ha dado permiso para enlazarla os invito a todos que leais su fantástico blog. ¡Muchas gracias, Nora-san!